Principio de Incertidumbre
La partícula fundamental de la materia es el
átomo. Éste se encuentra constituido por las llamadas partículas subatómicas,
una de las cuales es el electrón.
A mediados de la década de 1920, el científico
alemán Heisenberg enunció el principio de indeterminación o incertidumbre. En
él se enuncia, a grandes rasgos, que no se puede conocer simultáneamente y de
forma precisa la posición y la velocidad de un electrón. El incremento de la
veracidad en el cálculo de una se hace, indefectiblemente, en detrimento de la
otra. Como resultado, es prácticamente imposible (hasta ahora), predecir la
trayectoria de los electrones, con lo cual se tuvo que recurrir a estudios
probabilísticos concluyendo que lo más certero es asignar “zonas probables” de
paso, denominadas orbitales. Dicha investigación fue utilizada por diversas
disciplinas, desde las exactas hasta la filosofía, donde se propone que en
todos los aspectos del conocimiento humano queda un margen de inexactitud. Por
semejante descubrimiento, Heisenberg fue galardonado con el Premio Nóbel de
Física en el año 1932.
El fin del
estudio de las ciencias, es juntar los conocimientos aportados por las
distintas disciplinas para el análisis de casos concretos. Faltándole un poco
el respeto a Heisenberg, el caso de Huracán en este torneo, es similar al del
electrón que órbita alrededor del núcleo atómico, es imposible conocer su trayectoria, no sabemos hacia donde vamos. Por
momentos parece un equipo sólido, por momentos comete errores infantiles. De a
ratos quiere intentar jugar a algo,
de a ratos se cuelga del travesaño. Hoy, el grupo está unido, mañana se
revientan a trompadas, pasado se abrazan tras el partido, y después el técnico
y los jugadores declaran totalmente al revés.
En el año 2003, el cantautor español Ismael
Serrano lanza su álbum “Principio de Incertidumbre”. La idea general del mismo
es llenar el vacío de Heisenber: proponer que en ese margen de indeterminación
está la música, y que cada canción es diferente al ser tocada en un lugar
distinto, simplemente porque el público es distinto.
Yo no soy
físico, ni artista, ni músico, soy futbolero. Haciendo una extrapolación banal
de tamaño descubrimiento, siempre me gustó pensar que un partido es distinto si
voy a la cancha que si lo miro por televisión. Puede resultar gracioso, lo sé,
extraño, hasta ridículo. El caso es que siempre pensé eso. Y entiendo que mi
mera presencia física, a decenas de metros de los protagonistas (los verdaderos protagonistas, los que están
en el campo de juego), no tendría que influir en un pase al compañero, una
ejecución de pelota parada, o una decisión de gambetear hacia afuera. Pero no
puedo evitarlo. No puedo dejar de pensar que ese encuentro que terminó 1 a 0 (a favor o en contra),
hubiera sido distinto si yo iba al Palacio. Que esa pelota que pegó en el palo
y salió, hubiera entrado. Que ese agarrón no lo hubiese cobrado, que el defensor
no pifiaría ese rechazo. No encontraba una explicación lógica para tamaño
disparate, y no creía que existiera. Hasta que encontré el disco de Serrano y
entendí.
Entendí que
es importante nuestra presencia, no como individuos aislados, sino como
colectivo popular, para que el fútbol sea fútbol (basta ver un partido a cancha
vacía). Entendí que el espectáculo de las tribunas hace al juego, que el hincha es una parte fundamental en el
desarrollo del juego, siendo el inconsciente colectivo canalizado en cantos,
gritos y arengas, lo que envalentona a los propios y acobarda a los rivales.
Nosotros lo
sabemos, nosotros lo entendemos, nosotros lo queremos. Parece que hay otros que
no, los mismos de siempre, los que quieren primero sacar a los hinchas
visitantes, y que luego irán por el fútbol sin hinchas, para terminar dejando
al fútbol sin fútbol.
Juan Rey


