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jueves, 30 de julio de 2015

La cólera de Ramón, por #JuanRey



“Canta, oh musa, la cólera de Aquiles”.

Así comienza La Ilíada.
Aquiles, el héroe griego, el inmortal, el que llevaría al triunfo helénico sobre los troyanos, se negó a seguir participando de la contienda. Cuenta el poema que en cierta ocasión, al ingresar en su tienda de campaña, la encontró vacía. Allí debía estar su esclava, la bella Briseida, quien había sido raptada por Agamenón, el general griego que dirigía el asedio. En señal de protesta Aquiles decidió dejar de luchar.

jueves, 11 de junio de 2015

¿Se juega como se vive?, por #JuanRey

Hace no mucho tiempo la banda irlandesa U2 realizó una gira por Latinoamérica. Una de sus paradas fue Buenos Aires. Cuenta la leyenda que durante alguno de los días previos al show, el líder de la banda, “Bono”, visitó el barrio de San Telmo almorzando en una parrilla muy popular. 

martes, 7 de abril de 2015

La Previa, por #JuanRey

Hannah miró a los ojos al pequeño David, y decidió no responderle. Siempre sintió repulsión por la mirada de su nieto, por esos profundos ojos marrones que la observan recordándole otros tiempos. Claro está que el niño no es ni por asomo el responsable de su recelo, y vaya uno a saber dónde habría escuchado las nefastas palabras que repitió en aquella ocasión, logrando que a su abuela se le revolviera el estómago.


martes, 23 de diciembre de 2014

Conservar la esencia

Un obelisco es una construcción prismática-piramidal monolítica, generalmente hecha de algún tipo de roca. Su origen data del Antiguo Egipto donde, en honor a los faraones, gobernantes locales los erigían. Se suponía que cuanto más grande fuera el obelisco, tanto mayor era la lealtad al hijo del Sol. En otras palabras, obelisco es sinónimo de adulación, servidumbre, pedantería y sumisión.

sábado, 13 de diciembre de 2014

La previa, por Juan Rey

Menor igual a treinta

Y qué se yo.
Es que ya no me corresponde más nada. Ya te ví campeón. Ya puedo morir en paz, pero ahora no puedo verte caer.
Es mi obsesión, mi derecho, mi sueño, mi realidad, mi deber. Es mi fortuna y mi destino. Te tengo que alentar, en primera, de nuevo.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Dos locos lindos

Casi cuatro siglos los separan.
René Houseman nació en La Banda, Santiago del Estero, un 19 de Julio de 1953.
René Descartes nació en La Haya, Francia, un 31 de Marzo de 1596.

viernes, 28 de noviembre de 2014

#HuracánCampeón


Ahora sí

Ahora sí puedo volver a escribir. Ahora sí. Pensé que era yeta y por eso preferí esperar. Pero ya está, ya pasó. Ahora te cuento. Perdón la desprolijidad, pero son las palabras las que se escriben solas en la computadora, la emoción me desborda.

sábado, 27 de septiembre de 2014

La Previa, por #JuanRey

Retroceder nunca, rendirse jamás

No es una frase hecha, ni un cliche de izquierdas. No voy a acompañar estas líneas con una caricatura blanco y negro del comandante Chávez. No hablaré de conquistas sociales, de militarizar los sindicatos, ni de armas para el pueblo.
Más bien, una postura filosófica. Plantarse frente a la vida de determinada manera. Están los que se resignan, los que se dejan llevar por una realidad esquiva o adversa y nada hacen por cambiarla. Los que creen que subjetivamente no puede hacerse nada para cambiar las condiciones objetivas.
Cierto politólogo contemporáneo imaginó una habitación donde se encontraran todos los pensadores de la historia. En esta situación inicial, dichos personajes comenzarían a organizarse de la siguiente forma, siguiendo dos ejes coordenados, el primero y archiconocido delimitaba izquierdas y derechas, según su creencia en la preeminencia de la igualdad o la libertad individual, de la sociedad sobre el individuo o del individuo sobre la sociedad. El otro eje diferenciaba a los pensadores por su fundamento científico, aquellos que basaban su teoría en el empirismo, las estadísticas y las ciencias exactas eran considerados “duros”, mientras que las teorías fundadas en cuestiones filosófico sociológicas eran consideradas “blandas” (nombres provenientes de los distintos tipos de ciencia)
Así las cosas, por su naturaleza inherente, dichos personajes comenzarían a hablar, tratando que el resto los escuche. El caso es que los que se encuentran cerca del centro están sumamente rodeados de otras personas, que buscan también dicha posición para expresar sus palabras, pero la muchedumbre genera caos y sus pensamientos no encuentran oídos en los que hacerse eco. Por el contrario, en los extremos hay menos gente, aquel que allí se ubique tendrá una panorámica más acabada del conjunto, de lo común, y ademnás por estar más cerca de la pared, la acústica es mejor. Estos pensadores, de izquierda o derecha, duros o blandos, son los que logran trascender la actualidad que les tocó vivir, los que se diferencian de sus contemporáneos y logran la inmortalidad al permanecer en el inconsciente colectivo de la humanidad, en los libros, bibliotecas y universidades por el resto de la historia.  
Para trascender entonces, hay que diferenciarse, salir de la media, pues sino quedaremos como aquellos que se matan por tomar el centro de la habitación, reconocidos, en el mejor de los casos por los suyos, pero sin un legado para la posteridad, sin una identidad en la que se reflejen las generaciones venideras, ni un testimonio que aportar.
Retroceder nunca, rendirse jamás, implica entonces, no volcarse hacia el centro. Gritar a viva voz aquello de lo que estamos convencidos, escaparnos de las colectivizaciones estúpidas como, “la opinión pública”, “la gente piensa” o “el periodismo dice”. No existe “la opinión pública”, “la gente” ni “el periodismo”. Existen las personas y los periodistas que dicen o piensan de determinada manera, aunque busquen escudarse en los sustantivos colectivos.
Y existimos nosotros, los que nunca nos daremos por vencidos, los que equivocados o no jamás de los jamases buscaremos el centro, los que iremos bien cerca de la pared, inflaremos nuestros pulmones y buscaremos que el eco retumbe en los oídos y corazones de todos los que se encuentren en la habitación.

Juan Rey, para Revolución Quemera.


Para mi abuelo, Carlitos, que está en la puerta de la habitación, debatiéndose entre volver o irse, que sea lo mejor. 

viernes, 22 de agosto de 2014

La Previa, por Juan Rey

Río de Janeiro
Todo siempre empieza y termina allí, casi como en una suerte de ritual cíclico. El devenir de la vida llevó a ello, y hoy ya es una costumbre que no puede quitarse. A menudo se pregunta si no estará preso de alguna maldición, si no será víctima de un conjuro de cualquier mai o pai umbanda.
Como siempre, en Río de Janeiro. Montado sobre ese sinfín de puntos, ese segmento infinito que escinde, casi de forma maniquea, la gran metrópoli. Como una arteria coronaria, la cruza dándole vida.
Y allí, ya en posición, dispuesto a que comience el aquelarre, entra en el trance característico. Es un estado elevado del alma en el que se cuestiona hasta las últimas causas de su existencia. Es libre, pues es sólo para sí.
En este nirvana, iluminan su ocaso las más diversas cuestiones existenciales. La dualidad onda energía de la luz. La luz es onda y también es energía. No hay vuelta que darle. Schroedringer, Planck, Bohr. Qué ocupados estarían para interesarse por tales temas. Y a la vez que cada fotón es una partícula energética, también es una onda. Definitivamente es mucho menos intrigante que sonreírse internamente mientras observa a una señora entrada en años y en kilos. Newton. La ley de la gravedad actúa en ella, y se pone a pensar que si fuera la señora, si por un instante el universo le diera esa posibilidad, se desafiaría probando cuántos jueguitos sería capaz de hacer con las partes que le caen del cuerpo.
Río de Janeiro y de repente lo esperado, lo inevitable, lo que viene a dar sentido a su estadía, su ritual y su trance.
El piso, como es costumbre, tiembla. La luz se vuelve un tanto intermitente, y el ambiente húmedo, cargado y por momentos hostil comienza a cambiar. Las líneas blancas y negras se suceden con tremenda celeridad. El traqueteo aumenta y disminuye su frecuencia e intensidad regido por el mismísimo azar. Todo eso se repetiría cuatro veces hoy y luego, tras el prudencial receso, otras cuatro. Perfectamente simétrico. Y su trance, su nirvana acabaría por dar paso al más profundo éxtasis. Como si lo poseyeran Shiva o Brahmaputra. Y así en el más profundo ensimismamiento, en todo este proceso de apenas segundos, se da lugar a la señal sonora, que interpreta sabiamente recuperando su postura, su estado mental ausente, disponiéndose a abandonar de una vez y por todas Río de Janeiro.
Y viene Castro Barros.
Y Loria.
Y llega a Miserere.
Combina con la H.
Venezuela.
Humberto Primo.
Y finalmente Caseros, donde, como siempre, culminará su ritual.

Juan Rey, para Revolución Quemera.

   

viernes, 8 de agosto de 2014

La Previa, por #JuanRey


Todos conocemos el cuento del cura al que se le inunda la iglesia. Convencido que su dios lo salvará por medio de algún milagro, niega a sus rescatistas la posibilidad de sacarlo de allí en lancha o helicóptero. Finalmente. el clérigo muere ahogado, y al encontrarse con dios, lo interpela enojado, cuestionándolo enérgicamente por no haber realizado nada sobrenatural para que él, su fiel servidor, siguiera con vida. Tras escuchar sus reproches, Dios le responde que había sido él el responsable de enviar los botes y el helicóptero.
            Está en la naturaleza del hombre esperar resultados magníficos. Sentirse único, elegido, especial. Ser “el pueblo elegido por Dios”, “el hombre con el Don otorgado por el altísimo”. El juego así está planteado. El reconocimiento no se otorga a quien trabaja sacrificadamente y en silencio, sino al “piola” que obtiene un resultado por mero azar. Esperamos la salvación mágica en el último minuto. El heroísmo, en definitiva, termina por ser eso: un trayecto mediocre con un final victorioso. Pero ningún medio reivindica el fondo, lo que vende es llegar.
            El cura no piensa que sobreviviendo podrá seguir siendo sostén para cientos de feligreses, esperanza para los necesitados u oído para quien lo necesite. Lo ciega la idea de quedar en la historia por ser “el elegido”, en quien se realiza el milagro.
            El fútbol no es ajeno a esta filosofía reinante.
            Esperamos el cabezazo sobre la hora, el gol con la mano y en offside, ganar “medio a cero”.
            Aguardamos el “milagro”, creemos en la “mística”, en “ganar con la camiseta”.
            Exigimos resultados, como si fueran un contenido aislado perfectamente del resto de los componentes del juego, cuando en una gran proporción depende del azar, mientras apenas unos pocos hablan de favorecer las condiciones que faciliten la llegada al objetivo.
            Cegados en esta vorágine de lo inmediato, perdemos la perspectiva de lo realmente importante, lo fundamental, lo trascendente. El milagro ya está consumado, solo que a veces no podemos percibirlo.
            El milagro es estar acá y ahora, con todas las posibilidades que tuviste.
            El milagro es esa familia que te dio todo lo que sos.
            El milagro son esos amigos, con los que te abrazás para festejar.
            El milagro es que gracias a tu viejo sos quemero.
            El milagro es esa multitud de individuos que se sienten uno.
            El milagro es, otra vez, vos y yo. Frente a frente. Como siempre, “codo a codo, somos mucho más que dos”.
           

            Juan Rey, para Revolución Quemera.

martes, 10 de junio de 2014

La Previa Final, por #JuanRey

Imposible

Es imposible que ascendamos. Vos lo sabés, yo lo sé, todos lo sabemos.
Así, directamente. Imposible.
Tan imposible como hubiera resultado hace 2000 años, en la antigüedad, pensar que alguien alguna vez hubiera podido poner un pie en la luna. Y todavía más imposible que levantar una construcción humana que desde allí fuera visible.
Imposible como alguna vez fue subir el Monte Everest.
Imposible como lograr iluminarnos en la oscuridad, cuando el sol se ha puesto.
Imposible como les parecería a nuestros bisabuelos contactarnos con un amigo que se encuentra en cualquier otra parte del mundo, hablándole cara a cara y sin “delay”.
Imposible como le decían a Da Vinci que era que el hombre vuele.

¿Quién pone el límite de las posibilidades?

Estamos ante un mundo de paradigmas, que ansían ser rotos y reestructurados. Imposible es todo, hasta que el primero lo logra. Y muchas veces, ese no es el más poderoso, el de más renombre, sino el que tiene el inconmensurable valor de la humildad.
Imposible, lo que se dice imposible, es lograr un resultado individualmente, sin un equipo de trabajo, sin un grupo que banque buenas y malas.
Imposible es navegar en un barco sin un rumbo fijo, sin un capitán que lo marque.
Imposible es no emocionarse con ustedes, jugadores, cuando lloran con nosotros.
Imposible es no reconocer que los hinchas de Huracán somos especiales.
Imposible era habiendo perdido 7 de los primeros 10 soñar con estar siquiera en mitad de tabla.
Imposible era descontarle todos estos puntos a Independiente.
Imposible era llegar al desempate.


Es imposible que ascendamos. Yo lo sé, vos lo sabés, todos lo sabemos. Pero ya está, lo posible ya se acabó. Ahora vamos por lo imposible.

domingo, 8 de junio de 2014

La Previa, por Juan Rey

Casi la una de la madrugada en Buenos Aires. El insomnio perfectamente podría ser producido por la final que se disputará este fin de semana. Varias Horas menos en San Antonio. Allí, a miles de kilómetros de distancia, también se juega una final. Es el primer partido de la definición entre los Heats de Miami (bicampeón), y los experimentados Spurs (con nuestro Ginóbili). El partido venía parejo, los visitantes lograban una mínima luz de ventaja, cuando sobre el final del partido ocurre algo digno de reconocimiento. Lebron James, la figura entre las figuras del equipo de Florida, se lesiona y tiene que ser reemplazado. No puede abandonar la cancha por sus propios medios, con lo que debe ser ayudado para retirarse. La parcialidad local, que había silbado sistemáticamente a la estrella de Miami cada vez que se dispuso a lanzar un tiro libre, lo despide con una perfecta ovación, digna del notable jugador que es.

En paralelo, pero mucho más cerca, en Mar del Plata, también es hora de finales. Peñarol busca recuperar el título de la Liga Nacional frente al Regatas correntino. Lo logra, con un partido sensacional de su base (Facundo Campazzo). Los hinchas locales colmaron en polideportivo de la feliz viviendo una real fiesta. Todo el estadio canta, pero aquí otro detalle que cautiva mi atención. Son cantos genuinos, impulsados por grupos distintos de amigos o familias. Provienen de cualquier dirección del estadio. Nadie monopoliza lo que debe hacerse o decirse. La celebración es completa.

El domingo a las 15 se define nuestro año y nuestro futuro (como hinchas y quemeros, claro está). El panorama, es sensiblemente distinto. La suspicacia, a la orden del día. El dinero sucio de los políticos, empresarios y “allegados”, que nadie puede decir que circula, y mucho menos los que tienen que investigar y juzgar, también. Dicen que nunca sanearemos el fútbol porque “la cultura nuestra es así y no se puede cambiar”, que me expliquen entonces cuán distinta puede ser nuestra “cultura” respecto de la de los hinchas marplatenses. ¿Es, entonces, esta cultura per se el problema o la estructura en la que se encuentra inscripto el deporte que tanto nos apasiona? Es decir, esos mismos fanáticos, en condiciones diferentes, ¿actuarían de igual forma?

Lo cierto es que el domingo en Casanova habrá sólo once camisetas blancas, con un globo rojo en el corazón. Cierto es también que el millón de quemeros estaremos pendientes, volando con Marcos Díaz, tocando con Capurro, gambeteando con Toranzo y pisándola con Caruso. Las chances reales son pocas, porque no se depende de la propia actuación, por la cantidad de puntos perdidos, y porque justo a Patronato le expulsaron a dos titulares. De cualquier manera, no vale abandonar. Que esta sea una más de nuestras odiseas de amor eterno, si total a los golpes ya estamos acostumbrados. Que sea otra epopeya en la que sigamos intentando mejorar la realidad, empezar a construir un camino lleno de gloria y laureles. Que las raíces, los valores y la filosofía que nos llevaron a la cúspide del Olimpo del futbol renazcan, y dentro de un tiempo estas notas sean viejos manuscritos de un paso en falso en nuestra historia.
Así y todo, no puedo imaginarme al “Pato” reemplazado y todo Isidro Casanova aplaudiéndolo…


Juan Rey, para Revolución Quemera.

sábado, 17 de mayo de 2014

La Previa, por #JuanRey

Te lo cuento, Globo

Esta no es como cualquier otra, esta es una historia de amor verdadero. Y como tal, no va a tener final feliz, por el simple hecho que no puede tener un final.
Esta es nuestra historia.
Esa que empezamos a caminar juntos hace tanto tiempo, esa que se debe a un sinnumero de casualidades y elecciones azarosas, muchas de las cuales no dependieron de nosotros, y tantas otras que repetiríamos hasta el hartazgo cuantas veces haga falta para tener aquello de lo que hoy en día estamos orgullosos.
Esa historia que escribimos día a día, semana a semana, convencidos desde lo más profundo de nuestro ser que andamos transitando el sendero correcto, que los buenos somos más, muchos más que los malos, y que algún día esto será reconocido.
Esta es una historia de pasión y sentimiento, de camiseta y colores, es verdad, pero también cuenta de familia y amor, de barrio y de música (aunque no sólo es tango).
Es nuestra milonga, que no puede bailar cualquiera, que sólo somos algunos los elegidos que aceptamos y suscribimos las condiciones de ese eterno contrato tácito jamás firmado.
            Este es un relato de noches frías en las que ni el alcohol ni los besos nos pueden calentar el alma, pero también de espantosas tardes de invierno, que en nuestro Palacio fueron primavera.
            Este es un cuento de amistad y pertenencia, de compadritos y bohemios, de guapos y arrabal. Es ese halo de misticismo que engalana las creencias populares, las verdades menos precisas, o las mentiras mejor contadas.
            Es un canto a la vida. Con la pegadiza melodía que el abuelo se lo entona a los nietos, dejando siempre una moraleja, una enseñanza.
            Es el documento tantas veces suscripto, en el que nos comprometimos hace tanto a seguir cueste lo que cueste, a nunca perder las esperanzas y mucho menos a abandonar, que el uno sin el otro no somos más que recuerdos y sombras.
            Es el villancico dominical tantas veces entonado en los alrededores de Parque Patricios, grito en que se unen 5 generaciones de devotos.
            Es la poesía que emborracha los sentidos con tacos, caños y rabonas, mientras proclama que “el estilo no se negocia”, y nos tranquilizamos al apoyar la cabeza en la almohada, sabiendo que nadie (nunca) nos regaló, ni nos va a regalar nada, pero que mientras participemos en esta contienda blandiendo nuestras armas tan nobles, no tendremos nada que reprocharnos.
            Es un diario de viajes, y es vos y yo, y el destino que nos unió hace más de un año, compartiendo semana a semana, día a día estos relatos con forma de mates que viajaron miles y miles de kilómetros, llevando vestigios de la quema hasta los lugares menos pensados, sacándonos esas inesperadas sonrisas y fundiéndonos en un perfecto abrazo para contener nuestras lágrimas desgarradoras.
            Esta es como cualquier historia, los capítulos se suceden.
            Y como en cualquier historia, no vale dejarla por la mitad.
            Y por favor te pido, sigamos creyendo hasta el final.

           

Juan Rey, para Revolución Quemera.

viernes, 9 de mayo de 2014

La Previa de Huracán-Banfield, por #JuanRey

El día Osvaldo

Era una tarde como cualquier otra, mientras el sol caía sobre los mágicos empedrados de Parque Patricios, cuando un desafiante Ringo Bonavena de piedra y una pulcra hermita de Masantonio fueron testigos privilegiados de la siguiente escena.
            El padre y su hijo entran al local partidario de Caseros al tres mil ciento y tanto, con el corazón lleno de orgullo y los bolsillos no tan llenos. El amor paternal lleva a realizar un esfuerzo extraordinario para que el pibe pudiera desayunar todos los días en su taza del globito. El chico se siente feliz, pero su satisfacción no es total. No es que la taza sea fea, no, es que hubo otro objeto que logró cautivar sus ojos y su corazón. Se desvive por jugar todas las tardes con esa pelota de Huracán. El corazón del viejo se parte a la mitad, el inconmensurable sacrificio realizado es valorado, sin embargo se siente incapaz de alegrar a su hijo por completo. Se retiran del local, con el vaso medio lleno y el corazón medio vacío. En ese instante de desconsuelo sucede lo impensado,  una figura mística se corporiza ante ellos llevando a cabo un acto de tal desprendimiento y generosidad que quedará grabado en su memoria por el resto de sus vidas. Un tiempo después, el vendedor confesó que muchas veces había visto clientes tristes por no poder adquirir determinados artículos, pero jamás había ocurrido que un desconocido combatiera el desamparo regalándole una pelota a un niño.
             No fue casualidad, no fue un acto aislado. Cuentan los que lo conocieron que Osvaldo Castro solía disfrazarse de Papá Noel durante las épocas festivas y repartir regalos en La Quemita a los chicos del club. Se ve que esa tarde estaba con ganas de despuntar el vicio.
            El Papá Noel quemero se escondía tras una máscara, ya que lo importante no era su rostro sino la alegría de los chicos al recibir sus caramelos, y año tras año recorría todos los rincones llevando dulces y carcajadas a los más pequeños.
            Pero la obra de Osvaldo no era solo navideña. El final de su vida transcurrió prácticamente en el campo de deportes Jorge Newbery, ya sea colaborando con las obras (como cuando construyó el horno de barro), o bien sacándole sonrisas, charlas y mates a quien quiera que por allí pasase. Dicen que en cierta ocasión, hablando con una persona mucho mayor que él, enunció que no hay mejor forma de terminar la vida que haciendo algo por el club que uno ama.
            Siempre quiso que sus cenizas fueran esparcidas en el Palacio Ducó, y eso es lo que hizo su hijo, Gerardo, cuando falleció repentinamente a principios de 2013. Dentro de la lógica tristeza, Gerardo cuenta que se sintió sorprendido y feliz al encontrar un montón de gente (desconocida para él) que se acercaba a darle su pésame, o que publicaba fotos en las redes sociales junto a él, a modo de recordatorio eterno de su infinito agradecimiento. Todos recuerdan a Osvaldo como alguien que supo transmitir alegría, y esa es la herencia más bonita que cualquier padre puede legar.
            Esta es una más de las historias que hacen que el nuestro sea más que un club de fútbol, que sea un hermoso legado familiar, que venga con la genética y que nuestros arrogantes corazones bombeen sangre por la cual corren globos, en lugar de glóbulos. Que se nos ponga la piel de gallina al recordar que aprendimos a caminar yendo al Palacio de la mano de nuestros viejos, o también que recordemos que el globo, por su condición de grande, siempre va a dejarnos expectantes hasta el final, pudiendo torcer la historia con un vuelco repentino, como a Gerardo cuando en el velatorio de su viejo se le presentó un pibe mostrándole orgulloso una pelota de Huracán.
            Ese chico no festejaba Navidad, el día más alucinante de su vida fue el que consiguió la pelota, el día Osvaldo.


Juan Rey, para Revolución Quemera.

jueves, 1 de mayo de 2014

La Previa, por #JuanRey

Por Edipo y Casandra

Más que una historia de amor, lo que vengo a contar hoy son dos historias distintas. Dos leyendas o mitos que los griegos contaban hace un poco más que mucho, dos cantares que no por viejos dejan de ser actuales, dos maneras de plantarse frente al destino, a lo inevitable. Dos perspectivas, amigos quemeros, para dilucidar cómo encararemos esta recta final.
Edipo era griego, Casandra era troyana. Ambos hijos de reyes.
Cuentan que cuando faltaba poco para que naciera Edipo, el oráculo advirtió a Layo y Yocasta, que el retoño mataría a su padre y se casaría con su madre, razón por la cual decidieron abandonarlo. El mito dice que un pastor se apiadó de él y lo crió.
Casandra no fue desheredada, por el contrario, la hija dilecta de Príamo y Hécuba era tan hermosa que fue consagrada al dios Apolo como su sacerdotisa.
Cierto día el Edipo criado por pastores también recibe al oráculo y embriagado de la vergüenza que le representaría asesinar al campesino, huye convirtiéndose en un fugitivo. En su camino tiene una suerte de encontronazo con una caravana en la que viajaba, justamente, el rey Layo, escaramuza en la cual el monarca perdió la vida y así Edipo cumplió la primera parte de la profecía.
Cierto día el dios Apolo, quien vivía rodeado de musas, deslumbrado por la belleza de Casandra, le propuso un pacto: le entregaría el don de la clarividencia a cambio de una noche fogosa. Resulta que, tras las horas de pasión,  la bella Casandra no se sintió atraída en lo más mínimo por el dios, y descartó la posibilidad de unirse a su arem. Repleto de ira Apolo (quien no podía retirar el don ya regalado), maldijo a la princesa, condenándola a que nadie creyera en su palabra.
Ya en su madurez, Edipo contrae matrimonio con la viuda del trono, la reina Yocasta, de la que se enamora sin saber que era su madre. Un tiempo más tarde, tras engendrar cuatro hijos, reconstruyen sus respectivas historias y toman conciencia del vínculo que los une. Edipo había cumplido la segunda parte de la profecía. Su madre y esposa, Yocasta, se suicidó. Y él, ahora rey, vencido por el inevitable peso del destino que nunca pudo torcer ni aún huyendo, decide quitarse los ojos con los broches del vestido que ella llevaba puesto.
Casandra suplicó a su padre que no hiciera entrar en la ciudad el regalo que los dioses habían enviado por vencer en la guerra a los griegos. Como de costumbre, como todo el pueblo, Príamo no tomo las palabras de su desquiciada hija. Esa misma noche, de las entrañas del gran caballo de madera, cientos de griegos liderados por Ulises incendiaron el reino de Troya y dieron muerte a sus habitantes.
Tenían sangre real, eran herederos de magníficas experiencias, lucharon contra el devenir del destino, contra los poderes de los dioses, y contra las bajezas de los hombres. Sabían, desde el principio, que la suya era una causa perdida, que no podían esperar más que fracaso, pero igual presentaron batalla, y dieron su vida por ello.
Edipo y Casandra no pudieron torcer el destino, ¿nosotros podremos?



Juan Rey, para Revolución Quemera.

jueves, 17 de abril de 2014

La Previa, por Juan Rey

Genésis

Al principio no era nada, y de repente…
Una vez fuiste pibe. Sí, todos fuimos o somos pibes. Aunque a veces cueste creerlo de algunas personas, pues como decía el gran Salvador Allende: “Hay jóvenes viejos, y viejos jóvenes”, todo el mundo, por un devenir natural, tuvo que ser niño.
Dice el poeta bohemio de fines de siglo XIX, Rainer Rilke, que “la patria de un hombre es su infancia”. De cierto modo apunta al único estado del cual no nos podemos exiliar, de donde no nos podrán expulsar jamás, y aunque nadie nos haya echado, siempre añoramos regresar.
La infancia. Ese período de la vida tan estudiado por los psicoanalistas, tan fotografiado por nuestros padres y familiares. Ese momento en el que nos creemos eternos, en que las historias siempre tienen final feliz. Y en algún instante de su desarrollo, ya sea por el impulso de nuestros pares, ya sea por motivación propia, o bien por algún comentario perdido de alguna conversación escuchada en un taxi o colectivo, el niño formula la pregunta.
Los padres saben que el momento va a llegar. Es inevitable, es parte de la maduración. “La etapa de los porqués” la llaman algunos. Indefectiblemente, una vez que su hijo escuche la respuesta, ya no será el mismo de antes. El momento en el que el crío decide sacarse esa duda visceral, que le carcome las entrañas, puede ser cualquier situación de la vida cotidiana. Algunos lo habrán preguntado en la comida, otros antes de dormir. Los que tenían hermanos mayores ya hablaban de ello en la clase delante de la señorita, quien ante el acoso casi periodístico de los más sobreprotegidos, decidía huir por la tangente, derivándole el problema a los progenitores.
En cuanto a la familia, existe también, un código particular. En el caso de los hombres, cuando somos niños y le hacemos la pregunta a cualquier mujer de nuestra familia, generalmente obtenemos respuestas evasivas o nulas. Por otro lado, al intentar resolver tamaño enigma con nuestros tíos o abuelos, ellos suelen plantearnos que “esos temas los tenés que hablar con tu viejo, che”.
Y entonces lo logramos.
Planeamos bien el momento, sabemos que de ello dependerá nuestro futuro, nuestra reputación en la escuela, nuestra vida, por qué no.
Elegimos el espacio y el tiempo, y todo se sucede con asombrosa velocidad:

-          Papá, ¿podemos hablar de hombre a hombre? Te tengo que hacer una pregunta

-          Sí hijo, decime.

-          ¿De qué cuadro sos hincha?

-          De Huracán, Juan.

Y nuestro camino se comienza a escribir, ya no hay vuelta atrás.


Juan Rey, para Revolución Quemera.

viernes, 11 de abril de 2014

La Previa, por Juan Rey

El Final…¿El Final?

Tres días. Tres largos días en los que la lluvia no deja que el sol caliente la capital. El efecto hipnotizante que el armónico caer del agua ejerce sobre la vista, combinado con el suave retintineo de los sureños techos de chapa impiden, casi por una cuestión mágica (como si se generaran por algún medio esotérico unas cuerdas invisibles que retuvieran a todo ser vivo en su lecho), el abandono del status quo, del celestial estado de reposo.
Tres días cometiendo en forma totalmente consciente el controvertido pecado capital de la pereza, tres días en los que la introspección se convierte en el pasatiempo por excelencia.
El clima estival se retira flameando una hostil insignia blanca y con su cobarde huída comienzan las nostálgicas añoranzas por el dulce perfume del azahar. Habrá que esperar que estalle nuevamente la primavera, que Perséfone regrese junto a Démeter  (o Ceres, para los romanos) y florezcan mil flores.
El acopio de víveres para el invierno ya está prácticamente concluido, de todas maneras, una paloma blanca como la nieve más pura de las cumbres cordilleranas más altas, emprende su vuelo.
Esta vez no tiene que recolectar ningún fruto caído, no debe hurgar con su pico la tierra para llevar al nido lombriz alguna, ni debe estarse alerta. No. Sus pichones ya pueden valerse por sí solos. Aunque seguramente la extrañen. Se limita a volar, aún sabiendo que su partida anula toda posibilidad de regreso. Un último vuelo. Hace 72 horas que lo tiene todo planificado.
Parte de La Boca, el lugar que la vio nacer. Sobrevuela la república dejándose impulsar por el viento que supo acariciarla durante tantos años, recordando sus primeros días, extrañando tantas amistades (diciéndoles, desde lo profundo de su alma, que el reencuentro estaría por darse). Antes de cruzar Rivadavia para dirigirse hacia ese norte en el que concluirá su existir, la hoja de ruta marca que deberá hacer una escala en la estación Buenos Aires. O más bien, a unos metros. Allí, en la parte más alta de la antena del Palacio Ducó, se dedicará unos segundos a contemplar, ahora vacía, esa suerte de carpa circense en la que semana por medio se reunían miles y miles de voluntades dando un magnífico espectáculo. Tras unos minutos de absoluta autarquía donde recuerda las más disparatadas acciones cometidas por los asistentes a dicho escenario, la blanca paloma retoma su vuelo.
Atrás queda todo, ya puede irse en paz. Con una prestancia y entereza casi divina, con la tranquilidad de quien se sabe realizado, con sus objetivos cumplidos en vida, comienza ahora a impulsarse verticalmente. Asciende por sobre las nubes y ve la Tierra cada vez más lejos. El resplandor es cada vez más fuerte.
Culmina su existencia, o al menos de la forma en que la conocemos nosotros. Ahora nos cuida a todos desde arriba.

Juan Rey, para Revolución Quemera.


Esta nota está dedicada a mi abuela, Tita, QEPD.

viernes, 28 de marzo de 2014

La Previa, por Juan Rey

Superclásico

Chomba, jeans y zapatos náuticos.
Camisa lisa, pantalón de vestir (beige) y chaleco.
Remera blanca con jogging azul, para hacer gimnasia.
Pasta los domingos, probablemente ravioles de ricota. Con tuco.
Anteojos para ver de lejos y de cerca.
Desayuno 8 en punto, almuerzo a las 13, five o´clock tea y cena a las 21.
Primera sección de La Nación, “de pe a pa”.
Esposa y dos hijos, un varón y una nena.
Un kilo de helado con cuatro gustos: chocolate, dulce de leche, frutilla y americana.
Borges, Bioy Casares y Sábato.
Telenoche a las 20.
Peugeot 504, joya nunca taxi, y al tigre a pasar el sábado.
15 días a Mar del Plata en verano.
Pañuelo de tela.
Crema para afeitar, Gilette, y ducha caliente tras levantarse, con cualquier AM de fondo.
Pijama de manga larga.
Pelea de fondo, en la trasnoche del sábado.
Picada con cerveza, carne con tinto, postre con licor.
Milanesas con puré.
El autodefinido del domingo.
La lectura en el baño.
Triples de jamón y queso.
Un tango de Carlitos.
El mate orejón, casi siempre lavado.
Chancletas y sillita en la vereda.
Lavar el auto justo antes que llueva.
Indignación política permanente.
Además de todos estos clásicos, nuestro súper clásico: esperar cada semana que se de a conocer el día y la hora del partido del Globo. Ir a la cancha, o seguirlo por la tele. Siempre en el mismo lugar (hace más de 100 años, ¡je, qué más clásico que eso!). Con las mismas cábalas y rituales, con la misma gente, con la misma ilusión que fuiste caminando por Luna cuando eras pibe y tu viejo te llevó por primera vez a conocer ese palacio tan hermoso que es nuestra segunda casa. ¿Y me hablan de súper clásicos?
Clásico es llegar y que te hagan 25 cacheos, que el equipo insinúe y no concrete, que siempre un ex (que parecía un perro) se luzca contra nosotros. Clásico es que el referí de turno nos bombee, y que juguemos en días y horarios insólitos. Clásicos son esos golpes en los portones a la salida, y el “siempre lo mismo, Huracán”. Clásico es que se largue un diluvio torrencial, y te refugies en la tribuna Bonavena sin saber si llueve más adentro o afuera.
Súper Clásico es que mantengamos ardiendo esta esperanza, quizás necia o irracional, que confiemos en que de una vez por todas Huracán recupere su grandeza.

Juan Rey, para Revolución Quemera.


sábado, 22 de marzo de 2014

La Previa, por Juan Rey


Sangre de Cristo

Yace inerte, ensimismado en su lecho. Inconsciente, por su naturaleza, de cuanto sucede a su alrededor. A través de las transparentes paredes que lo circundan podría observar las más variadas imágenes (distorsionadas por la curvatura del cristal), es que en su nombre se reúnen amigos a descubrir los más apasionados y recónditos caminos del conocimiento, se congregan amantes sellando juramentos de amor eterno, y se inspiran solitarios escritores cuando necesitan afrontar ese salto tan temido del pensamiento a la acción.
            Su magia radica en el triunfo definitivo e implacable frente a lo inevitable: el paso del tiempo, supongo que por ello los grandes del renacimiento lo usarían como elixir de la vida, para tratar de detener el tempus fugit. Desde tiempos inmemoriales el vino forma parte de la vida humana. La religión católica lo hizo uno de sus símbolos: Jesucristo lo convirtió en su propia sangre. No hay festividad judía sin vino. Los griegos y romanos fueron aún más allá, Dionisio o Baco era el nombre del dios del vino.
            La capacidad de extraer los pensamientos más elaborados, de permitir a su interlocutor desarrollar una idea, puede deberse a que la temperatura ambiente es la ideal para ingerirlo, no lo afecta, no pierde gas, no se enfría ni calienta, más bien espera.
            Espera a quien lo beba como el combustible aguarda que el motor se ponga en marcha, e inmediatamente las ideas comienzan a surgir por si solas.
            ¿Quién determina dónde se encuentra la delgada línea que separa el éxito del fracaso?
¿Puede un resultado determinar la validez o no de un largo y sacrificado trabajo? ¿No valió de nada el entrenamiento si la pelota pica afuera de la cancha? ¿No es reconocido el estudio si se aplaza un examen? ¿No vale la pena intentar jugar de otra manera, romper los paradigmas, desafiar las verdades establecidas? ¿O es simplemente genuino mientras los resultados acompañen? ¿El resultado da legitimidad a la forma, o más bien es ella quien lo legitima? ¿El fin justifica los medios? Por otro lado, ¿Hay algún medio que nos garantice fehacientemente que se vaya a cumplir determinado fin, o simplemente lo asumimos por contraposición, casi caprichosamente? ¿Jugar mal te garantiza ganar?
            Levanto la cabeza. Quinto – sí, quinto –  gol de Defensa y Justicia. Segundo del torneo, a 1 punto del primero. Casi sellando su ascenso. Hacía tres partidos que no ganaba. El técnico, quien reconoce a nuestro Ángel Cappa entre sus maestros, comenta que en la charla previa convenció a sus jugadores que no se apuren, que si bien no habían logrado la victoria en las anteriores ocasiones, venían haciendo lo correcto, que siguieran igual. No se si llorar o aplaudir.



Juan Rey, para Revolución Quemera.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La Previa, por Juan Rey

"Eternamente hasta luego"

El taxi marchó rápidamente por la Avenida 18 de Julio, tras largas cuadras y tantos viboreos descendió hasta el puerto del Buceo. Mariela se apresuró a pagar sin preocuparse por recoger su cambio, no es que despreciara la plata sino que su objetivo era más trascendental. Cruzó la ancha avenida y se dispuso en el mismo banco de piedra que la sostenía domingo tras domingo.
El carnaval había terminado hace más de dos meses, sin embargo los tambores y candombes seguían resonando por las calles de Montevideo y muy especialmente dentro del corazón de Mariela, que hace más de 60 años latía al son de la música. Prendió la vieja Spika de Jorge…nada.
Aquel ritual que repetía todas las semanas era lo único que podía volver a conectarla con el amor de su vida. No sabía bien qué había pasado. Lo cierto fue que una noche ella regresó al departamento que compartían en el barrio del Abasto después de otra agotadora jornada de danzas esperando el aroma de su comida, un beso de recibida, dos copas de vino recién abierto y no encontró nada de eso. Al abrir la puerta de su unidad, Mariela no pudo ver más que papeles por el piso, platos rotos y muebles desparramados, hasta ejemplares rotos de los apuntes que Jorge entregaba a sus alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales, pero de él ni noticias. No lo volvió a ver.
Esperó varios días, seguía sin aparecer. Luego de una semana se dispuso a hacer la denuncia en la comisaría de la circunscripción, pero súbitamente la detuvo una llamada telefónica. El mejor amigo de Jorge no se atrevió a decirle nada, simplemente que tomara las cosas que pudiera y se fuera del país, que no diera sus datos a nadie. Y cortó.
En el vapor que la cruzó a la otra orilla del Río de la Plata, comenzó a comprender que no era la única en esa situación. El clima político que ya estaba tenso se había alborotado con el regreso de Perón, y llegado a su clímax tras su muerte, sin embargo no lograba interpretar qué le resultaba distinto aquella vez. Con anterioridad los militares ya habían interrumpido el orden democrático y suspendido los derechos ciudadanos, pero en esa ocasión el clima era distinto, como si todos supieran que estaban ocurriendo acontecimientos extraños y nadie se animara a decirlo. El terror estaba presente en cada aspecto de la vida.
Los primeros días en la pensión de la Ciudad Vieja fueron duros, aún así se logró sobreponer y comenzó a contactarse con otros argentinos y uruguayos que hacían circular noticias no oficiales. Sin embargo todas las noches lloraba por Jorge. Sentía que le habían amputado una parte insustituible de su existencia.

El viento jugueteaba ahora con el pelo negro ensortijado de Mariela, mientras ella oteaba el horizonte en el Río de la Plata, como si sintiera cercana la presencia de su amor. La Spika dejó salir una voz conocida. El “gordo” Muñoz daba la bienvenida a sus radioescuchas, mientras anunciaba cómo Houseman movía el esférico hacia Larrosa, Ardiles picaba por la derecha y el Gitano Juárez prendía un tabaco. Ahora sí, podía seguir llorando. 

Juan Rey