martes, 23 de septiembre de 2014

"Especuladores", por Agustín Macri

Ayer entraron a la cancha especuladores. Y nada tienen que ver con los fondos buitres, ni con ninguna empresa radicada en Nueva York. Si, quizás, comparten el hecho de cobrar millones por año, y su interés mundano en el dinero, dejando de lado los sentimientos. Estos son los jugadores de Huracán. Hombres que suelen vestirse de futbolistas, y cobrar millones, pero que no poseen relación alguna con el hincha de Huracán. Sólo buscan sacar el máximo rédito posible, sin importar el daño que pueden llegar a producir. Apenas cumplen un oficio, del cual sólo disfrutan el momento en el que el recibo de sueldo llega a sus manos. Los empleados de Huracán –para mi hoy sólo pueden ser llamados de esta forma– dejaron un claro mensaje: si no hay dinero extra, no habrá respuesta.

Que ingenuos somos al caerle a Kudelka. Ayer era el mejor, y hoy es el peor; no caigamos en maniqueísmos absurdos. He leído inmensidad de mensajes de gente que criticaba el sistema de Frank Darío, aduciendo que desprotege a la defensa y que no permite que el equipo ocupe los espacios de la mejor manera. Quizás, si hacemos un análisis táctico, no es un concepto errado; pero ayer el déficit nada tuvo que ver con un sistema. Quienes representaron a Huracán no dieron su mejor esfuerzo –más bien intentaron sabotear al club–  y fueron superados por un equipo que es claramente inferior, pero que mostró la actitud normal de un conjunto de futbolistas que quieren quedarse con un triunfo. Nada más simple y a la vez complejo que ese concepto: ganar para buscar el triunfo. Hoy, claro está, el globo estuvo muy lejos de esa premisa.

Ahora, habiendo señalado las resultados de esta apatía generalizada, vayamos a las causas. Si el DT es el mismo, el sistema, los jugadores y las presiones son también similares. ¿Por qué este bajón anímico? Analicemos al Huracán del campeonato pasado: apenas asume Kudelka se veía un equipo irregular, que lograba algunos triunfos, pero que no conseguía asentarse del todo. Luego, a falta de 10 fechas para el final del campeonato, la dirigencia ofrece un premio al equipo si consigue 24 de los 30 puntos restantes y, como por arte de magia, los jugadores comenzaron a dejar todo en la cancha y a trabar con la cabeza si fuese necesario, consiguiendo los 24 puntos y conquistando el cariño de los hinchas, quienes nos creímos el discurso de ese equipo que venía cabizbajo, y que de la mano de un cuerpo técnico motivador, logró consolidarse como un equipo que podía derrotar a cualquiera. Al parecer, nada más lejos de la realidad.

Elaborando un proceso de pensamiento simple, podemos llegar a una conclusión sencilla pero a la vez muy clara: durante el torneo pasado el globo, con los mismos artífices, el mismo cuerpo técnico, un premio si se conseguían los objetivos y el mismo sistema cosechó buenos resultados. Este semestre, con similares variables –salvo los premios– mostró la peor versión de la era Kudelka. Saquen sus conclusiones.


En un torneo generoso, en donde se le ofrecen 10 ascensos a 22 equipos, el globo, que mantuvo a su plantel e incorporó a diez “refuerzos” más, está siendo humillado por equipos muy inferiores , ubicándose en la 8º posición –en una zona de 11–. Entonces, concluyendo, aquella mejora estuvo más ligada a aquel incentivo, que al hecho de haber cambiado de técnico y por ende de sistema y de discurso. Teniendo este tipo de carencias, no podemos analizar los aspectos tácticos y técnicos. Nuestra primera ocupación –no preocupación– debe ser que los jugadores dejen el 110% –lamentablemente habrá que ofrecer dinero extra por ascender– y luego, si esto se cumple, estaremos en condiciones de examinar los detalles.


Bestias infames se han robado aquel suero infinito
que has inyectado en tu alma
cuando la luna
vino a robarse el alba
y con ella también a tus sueños

Líderes de piedra,
que se han llevado tus palabras
y que sólo han dejado un inmenso grito
condensado por una vieja palidez

Seres mundanos,
que han cegado tu alma
entre tanto espesor material

Allí están,
tibios y frívolos,
listos para salir
y para transformar a aquel HURACÁN
en un lívido rumor que poco a poco irá desapareciendo
como aquel lento suspiro
que dejaste caer en el aire.